XXVI
Festival internacional de órgano
"Catedral de León"
Septiembre - Octubre de 2009


Presentación
por Samuel Rubio
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Cuando todavía
resuenan los ecos de la celebración de plata de nuestro Festival, ponemos un
punto y seguido con el fin de continuar camino, y es que también aquí es válida
la expresión “la vida sigue”. La verdad es que no hay que esperar a crear un
acontecimiento para darle importancia. La importancia es innata ya en el propio
hecho que motiva el acontecimiento. Y este hecho en este caso, no es otro que la
música. Este arte sensible nos convoca año tras año en las fechas otoñales, y
acudimos a la cita conscientes de la importancia que tiene para nuestras vidas.
Vivimos en una
época en la que el sonido nos invade, es difícil encontrar un lugar o un espacio
silencioso donde poder escuchar nuestras conciencias; y en el caso de
encontrarlo también escuchamos el silencio. Y es que la música existe desde que
el hombre manifiesta las primeras expresiones tanto de placer como de dolor. La
música nos acompaña
siempre,
pero como un aura que nos protege y nos hace distinguir lo bueno de lo menos
bueno, lo bello de lo menos bello. Por eso la necesitamos, porque aunque estemos
rodeados de sonidos, muchas veces impuestos y otras muchas de dudosa definición,
buscamos espacios y tiempos que llenen vacíos y cultiven nuestra sensibilidad.
Es el caso de
nuestro Festival. Música selecta a través de estrenos, cursos, conciertos,
grandes intérpretes y espacios históricos, contribuirá a dar sentido a nuestras
vidas, pues la buena música es fuente pura y noble de sentimiento al mismo
tiempo que es la más alta expresión del pensamiento. Todas las artes, sin
excepción, influyen poderosamente sobre los sentimientos, pero en el caso de la
música el efecto es más rápido, más intenso y directo. Las demás artes nos
convencen; la música nos invade.
Tenemos el
privilegio de contar con la Catedral como sede natural de nuestro Festival. Es
emocionante pensar que durante siglos se interpretaron en ese lugar importantes
partituras compuestas por grandes maestros consagrados por la historia.
Aprovechemos dicho privilegio, plasmando también nuestra huella, y escuchemos
música, sí, pero también a esos muros y vidrieras testigos de la historia, pues
algo nos dirán. Y lo de menos será el número de edición del festival, lo de más,
el propio Festival.
Samuel Rubio Álvarez
Director del Festival